Por Gustavo Martínez Contreras

Tener una vida tranquila es sueño de muchos, claro que también están los que les gusta la vida extrema, pero eso sólo es para los jóvenes y uno que otro viejito alocado. Bueno, la vida tranquila es anhelo de muchos que están dispuestos a pagar altas sumas para gozar de ese privilegio tomando unas vacaciones en alguna isla paradisiaca, comiendo langosta, tomando vino blanco y viendo las puestas de sol más espectaculares del planeta.
La vida es sueño, decía Shakespeare, también se dice que todo gran sueño empieza con una idea, oiga usted ¿qué sueña? La época navideña es un aliciente para soñar con el amor al prójimo, con vivir en paz, con tener una vida resuelta (trabajo, casa, comida, vestido, educación, diversión). El sueño de toda la vida.
Hoy por hoy, en éste rincón de mi México lindo y qué herido, los sueños se tornan en pesadillas, claro, si tienes la mala suerte de no ser petrolero. ¿Trabajo? Sueldo de pesadilla. ¿Casa? Vivirías más seguro en una cueva. ¿Educación? Tan mala que terminas manejando un taxi. ¿Diversión? ¿Qué es eso? Sin cines, sin deportivos, sin parques…
¡Rayos! Hoy que tenía planeado escribir sobre la vida tranquila en Moloacán.
Sueños, sueños, sueños. Se puede hacer más que soñar y eso es disfrutar de las posadas en familia, así que voy por un palo y a romper la piñata o por lo menos a soñarlo.
Oiga usted, nos vemos en la próxima entrega.
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