¿OIGA USTED… CARNAVAL!

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Por El Bicho Politicón

Tengo una tía de familia numerosa, cinco hijos y cinco hijas, mi tío se esforzaba mucho para llevar lo necesario a casa, pero mi tía era una mujer a la que le gustaba guardar las apariencias, vivía en una casa muy humilde, piso de tierra, cocina de leña, pero cada vez que le caía un dinerito extra, lo utilizaba para lujos innecesarios, que si la fiesta del niño que salía del kínder, que si la fiesta por el 14 de febrero, que si la fiesta por que llegó la primavera…

Puras fiestas y la casa estaba que se les caía encima, una personas con dos dedos de frente pensaría en arreglar la vivienda y hacer de su vida algo más digno, pero no, mi tía no era de esas personas que piensan a largo plazo, lo inmediato era lo suyo, claro que los invitados a sus reuniones estaban felices, esas fiestas ni Obama las organizaba, comentaban.

Así pasaron los años y las niñas crecieron, se acercaba el 15 aniversario de la primera y mi tía feliz, organizaría la fiesta más alegre de todas, más grande que la de Rubí, yo me preguntaba cómo le iba a hacer, pero no quería ser aguafiestas, total, que mi tía hizo un fiestón, donde hubo mucho de todo, vino, cervezas, comida, hasta juegos mecánicos hubo, pero oiga usted, ¡llegó la temporada de lluvias! ¡Madre mía!, aquella casa parecía un cedazo, caía agua por todos lados, pero mientras sacaba el agua a cubetadas de su humilde morada, a mi tía se le veía una sonrisa en su carita como pensando en los 15 años de su segunda hija.

Pues sí, hubo carnaval en esta villa del señor, mucha alegría, el desfile muy bonito, “El Costeño” muy divertido, la banda muy banda y la salsa muy salsa, le dimos rienda suelta a los festejos de la carne como si el día de mañana no importara o como si tuviéramos recursos económicos de sobra o como si las necesidades más básicas las tuviéramos cubiertas.

Pude ver a un Pablito dando muestra de su don de gran organizador (cosa que no hace por el municipio), a un Omarcito contento de ver a sus gobernados gozar las mieles de su cinismo-nepotismo (solo le faltó su ley seca a modo, ¿qué pasó mi buen?), a una Tere vislumbrándose en la silla que le piensa heredar su marido, todos muy en su papel, sonrisas por aquí, sonrisas por allá.

El carnaval pasará y la casa en Moloacán seguirá en la pobreza, pero en Moloacán no es como la casa de mi pobre tía, Moloacán es un “pueblo mágico” donde desaparecen recursos y aparecen en forma de “manita de amor”

Viva el carnaval.

Pues eso.

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