La “quema del viejo” es una costumbre que llegó del estado de Tabasco
Juan Manuel Jiménez García.

Las Choapas, Ver.
“Yo no olvido al año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas, me dejó una chiva, me dejó una burra, una yegua blanca y una buena suegra”.
Este es el estribillo de una de las melodías más buscadas para despedir al año que termina, esta canción se suma a las 12 uvas, sacar la maleta de viajes y usar la prenda íntima que más convenga a los deseos del nuevo año, pero sin lugar a dudas, una de las tradiciones que se conserva al paso de los años, es la “quema del viejo”.
Para muchos, la “quema del viejo”, que no es otra cosa que un muñeco hecho de aserrín o papel periódico, pero que representa los 12 meses que terminan, y con su quema le dicen adiós a todos los problemas y sinsabores que pasaron en este 2018.
En años anteriores, la familia se reunía para elaborar al viejo, donde entre todos, escogen las prendas para vestirlo y hasta el nombre le ponían.
Ante la demanda que tiene esta tradición, comerciantes del mercado Miguel Hidalgo, pusieron a la venta viejos ya hechos de diferentes precios y tamaños.
En la avenida más concurrida de la ciudad, como es la 20 de Noviembre, se pueden apreciar “viejos”, listos para ser caracterizados a la voluntad del cliente.
Todavía en algunas colonias y comunidades rurales, sus habitantes salen a las calles, para que unos minutos antes de la media noche, prenden fuego al viejo, que previamente fue llenado con cohetes para ser todavía más vistosa su despedida.
La “quema del viejo” es una costumbre que llegó del estado de Tabasco y que gracias al boom petrolero, todos los muñecos eran vestidos con el traje típico de este gremio: chompa en color gris, pantalón del mismo color y sus botas negras con casquillo.
Después, algunos viejos tomaron la figura de personajes del cine y la televisión, sin faltar las figuras políticas del momento.


















