La falta de descanso descontrola el juicio, eleva el riesgo de homicidios por riñas y debilita la salud cardiovascular.

Los pendientes, el trabajo y las responsabilidades ya no son las únicas razones para no dormir bien, en estos tiempos en el que las personas viven hiperconectados, el celular se ha convertido en el último objeto que se mira antes de dormir y el primero al despertar.
Deslizar la pantalla parece inofensivo, pero mantiene al cerebro en estado de alerta. La exposición prolongada a estímulos mensajes, videos, noticias, impide que el cuerpo entre en un sueño profundo y reparador. Dormimos, sí, pero el descanso es superficial.
El cerebro no logra desconectarse y el cuerpo no se recupera. El resultado es una fatiga acumulada que se arrastra durante el día, afectando no solo la calidad del sueño sino también trayendo consigo problemas al sistema inmunológico, a la salud mental, cardiovascular y en las relaciones interpersonales, convierte el cansancio en irritabilidad, pérdida de control emocional y, en casos extremos, en episodios de psicosis y violencia.
CONVERTIDO EN IRA
Dormir mal afecta directamente a la corteza prefrontal, la zona encargada del juicio, la toma de decisiones y el autocontrol. No se trata de mal carácter, sino de un sistema nervioso saturado. El cerebro que no duerme no regula bien las emociones, la falta de descanso reduce la tolerancia a la frustración, altera el control de impulsos y dificulta la regulación emocional.
Esto se refleja en conflictos familiares, violencia verbal, rupturas de pareja, errores laborales, decisiones impulsivas y homicidios. Dormir mal no solo afecta a quien lo padece, sino a todo su entorno.
Los conflictos interpersonales (incluyendo riñas familiares, de pareja o entre conocidos) son un factor contribuyente significativo a la violencia letal en México. En 2024 se registraron 838 homicidios en Tabasco, esa cifra incluye homicidios que resultaron de una discusión acalorada (una de las consecuencias de un mal descanso y estrés combinado).
En casos más graves, la falta prolongada de descanso puede desencadenar psicosis por privación del sueño, una condición documentada en la neurología clínica. Aparecen alucinaciones, paranoia, confusión, pensamientos desorganizados y cambios bruscos de conducta.
CRISIS EMOCIONAL
“Un cerebro sin descanso pierde la capacidad de distinguir correctamente la realidad, lo que puede llevar a conductas de riesgo, crisis emocionales severas y episodios violentos” asegura el neurólogo Eduardo Calixto.
Di adiós al sueño profundo
El neurólogo Héctor Ramón Martínez, de TecSalud, advierte sobre el error de usar dispositivos electrónicos antes de dormir. La luz azul de las pantallas afecta gravemente el ritmo circadiano de sueño-vigilia, retrasando significativamente el inicio del sueño profundo y verdaderamente reparador.
El ritmo circadiano, nuestro “reloj interno”, se confunde con la luz artificial. Esta luminosidad engaña al cerebro, suprimiendo la crucial melatonina. Dicha alteración hormonal dificulta que logremos conciliar un sueño de calidad, permaneciendo en un descanso superficial.
DIVERSAS ALTERACIONES
Según el especialista Ramón Martínez, las consecuencias superan el cansancio diario. A largo plazo, esta práctica influye directamente en la salud física y mental, causando problemas de concentración, fuerte irritabilidad y diversas alteraciones emocionales persistentes.


















