Por: Lázaro Cruz García

La retórica oficial de Petróleos Mexicanos (Pemex) se ha especializado en un arte peligroso: el de decir que “todo está bajo control” mientras el campo dice lo contrario. Lo vemos hoy con la crisis en el pozo exploratorio KREM-1, en Las Choapas, Veracruz, y lo vemos en sus estados financieros que presumen ahorros a costa de un adelgazamiento laboral que raya en la negligencia.
El Doble Discurso de la “Seguridad”
En una reciente tarjeta informativa, Pemex aseguró que los trabajos en el pozo KREM-1 se realizan en “condiciones seguras para la población y zonas agrícolas”. Sin embargo, quienes caminamos el sur de Veracruz sabemos que la realidad en campo es otra: familias desplazadas, incertidumbre y un impacto ambiental que no se detiene con comunicados de prensa. Esta desconexión entre el escritorio y el territorio no es casualidad. Es el resultado directo de una política de recursos humanos que ha dejado a la empresa operando con el mínimo indispensable.
Tabasco y Veracruz: El Desmantelamiento Operativo
Las cifras no mienten. A nivel nacional, la petrolera ha dado de baja a 61,204 trabajadores desde el sexenio pasado hasta el inicio de la era de Claudia Sheinbaum. Veracruz y Tabasco lideran esta dolorosa estadística de desempleo. Particularmente en Tabasco, la pérdida de 6,655 puestos (con una ridícula tasa de reposición de 1 alta por cada 5 bajas) plantea una pregunta obligada:
¿Quién está atendiendo las emergencias?
Cuando se pierden más de 5,000 plazas sindicalizadas y el 50% de las bajas son jubilaciones de personal experto que no es relevado por nuevos cuadros capacitados, el resultado son incidentes como el de Las Choapas. La “soberanía” no se construye solo con fierros y refinerías; se construye con personal con estabilidad y experiencia, algo que Pemex ha decidido cambiar por contratos de confianza temporal (853 solo en Tabasco), creando una fuerza laboral volátil y sin arraigo.
La Realidad del Desastre
Mientras en la Ciudad de México se redactan boletines asegurando que el KREM-1 no representa un riesgo, en las comunidades cercanas a Las Choapas el aire cuenta otra historia. La falta de inversión en mantenimiento y, sobre todo, la escasez de personal operativo de base para supervisar pozos exploratorios, está pasando factura.
No se puede hablar de “condiciones seguras” cuando la empresa ha congelado las contrataciones (apenas una sola alta en Tabasco en lo que va de 2026). El ahorro en nómina que presume la administración federal se está pagando con el deterioro de la infraestructura y el riesgo latente para nuestras familias.
Conclusión
El desastre en Las Choapas es el síntoma de una enfermedad mayor: una empresa que se achica para cuadrar cuentas, pero que en el proceso se vuelve incapaz de cuidar a su gente y a su entorno. Si Pemex sigue privilegiando el papel sobre el campo, las tarjetas informativas pronto serán lo único que quede en pie entre las ruinas de una industria que se olvidó de quienes la operan.


















