El caballo de don Mariano y su “estoraque”

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Urbanhistorias de Cuichapa

Por Gustavo Martínez Contreras

Solía llegar puntual a su trabajo montado en el “Colorado”, el cual amarraba cerca de la factoría para poder checar su entrada a las 7 en punto, a la salida, estaba su noble corcel esperándolo, así era la vida de don Mariano Fernández, trabajador de Pemex a mediados del siglo pasado.

La rutina diaria, un buen día se vino a romper cuando unos muchachos traviesos soltaron al “Colorado”; el cuadrúpedo, ignorante de la maldad humana, iba comiendo hierba por la orilla del camino y aprovechando su no pedida libertad, también se despachaba parte de los jardines particulares que se encontraba a su paso.

El noble animal no sabía que en el pueblo había un peluquero anónimo de caballos quien no perdió la oportunidad de ver al animal huérfano de dueño para aplicarle un nuevo “look”, apenas se le había ocurrido lo anterior y ya estaba con las tijeras en las manos dando cuenta de la crin y la cola del “Colorado”.

¡Qué cosa! Cuando salió don Mariano de su trabajo no encontró a su bestia donde la había amarrado y se fue caminando y preguntando si alguien había visto a su rocín, preguntaba a su derecha, preguntaba a su izquierda, preguntaba al vecino, preguntaba a la vecina… y nada.

Hasta que en una de esas, alguien le dijo donde estaba su penco. Don Mariano lo vio (al matalón) y no reconoció a su ruano.

-Ese macho (bestia mular) no es el mío, el mío es un caballo. Dicen que dijo don Mariano.

Pero después de una auscultación más profunda se dio cuenta que aquél bayo era el suyo, solo que ahora llevaba una crin recortada y una cola con un estilo ‘flecha’. Hecho un energúmeno, gritó a los cuatro vientos.

-¿Quién jijo de su tal por cual le hizo esto a mi caballo?, el que me dé informes le doy 200 pesos de recompensa…

Pasó el tiempo y los 200 de recompensa surtieron fruto, un buen ‘samaritano’ le llegó con el pitazo.

-Don Mariano, vengo a decirle quién trasquiló a su caballo. Dijo el samaritano.

-¡Hum!, si yo ya sé quién fue. Contestó don Mariano, aunque en realidad no tenía idea de quién había sido.

Claro que con el tiempo se supo quién fue el peluquero de caballos aunque en realidad no pasó nada.

Otra que cuentan de don Mariano era que cuando llovía no se llevaba al caballo y a la salida agarraba una lámina de un montón que tenía la empresa en un patio y con ella iba cubriéndose de la lluvia.

-¿A dónde llevas esa lámina Mariano? Le preguntaba el vigilante. Don Mariano sin detenerse siquiera, contestaba: ¿Qué no ves que me mojo? Y se llevaba su lámina, dicen que juntó bastantes con el método de la ‘lluvia’.

Don Mariano no se sabe bien a bien si se jubiló en Pemex y lo liquidaron, lo que sí se sabe es que luego de salirse de la empresa, se hizo empresario y puso un molino de nixtamal y una cantina, negocios que atendía junto con su esposa, doña Virginia.

Un buen día llegó un cliente que quería la bebida fiada y empezó con frases zalameras a decirle a don Mariano que durante su estancia en Pemex era considerado como un buen carpintero. Don Mariano, que ya sabía por ‘dónde masca la iguana’, le dijo al cliente.

-Pues te engañaron, si hubiera sido bueno yo no estaría aquí. El cliente tuvo que despedirse si apaciguar su sed.

Dentro de las muchas curiosidades que tenía don Mariano era que fue el inventor de una bebida: “el estoraque”, no se sabe a ciencia cierta el contenido del brebaje espirituoso pero era muy demandado entre los clientes selectos.

Cuentan que tenía la medida exacta para la sed de cada bebedor y cuando iban a comprar su estoraque, les preguntaba: “¿pues hasta dónde vas?”, ya con el dato del domicilio, les proporcionaba cierta cantidad de licor, pero había veces que se les hacía poco y pedían más, don Mariano les contestaba que “no, con eso tienes para llegar a tu casa a dormir”.

Un tanto por cansancio y otro poco por cambiar de aires, don Mariano vendió su emporio y se fue a vivir a Minatitlán, ciudad que vio su último despertar… la cantina con el nuevo dueño, adquirió nuevo nombre: “La Potranca” le puso, pero ya no fue lo mismo sin la receta del estoraque y… así es como se escribió la historia de don Mariano Fernández.

No se pierda el próximo jueves su Urbanhistoria, le aseguro que lo va a tener prendido de estas líneas.

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