La ciencia aún es cosa de hombres

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La presencia femenina en educación superior creció en las últimas décadas en México; pero en los centros públicos de ciencia su participación todavía es muy reducida

Lunes 19 de agosto de 2013Guillermo Cárdenas Guzmán | El Universal00:10

Aunque Susana López Charretón no ha tenido grandes obstáculos para lograr su pleno desarrollo como investigadora científica, reconoce que en este campo en México, como en otros países occidentales, aún hay factores culturales que propician el rezago en la buscada equidad de género.

“Hace un mes estuve en Alemania en un simposio del Instituto Max Planck; las ponencias magistrales las dieron mujeres de todo el mundo, y me sorprendió ver que todas enfrentamos una problemática similar: el punto de quiebre es cuando llegamos al posdoctorado”, recuerda la viróloga del Instituto de Biotecnlogía de la UNAM.

“Durante ese periodo, hacia los 28 años de edad, tenemos que decidir si vamos a tener hijos, comenzamos el posdoctorado o buscamos trabajo. En ese punto es donde se da la mayor cantidad de deserciones de mujeres. Es una barrera cultural que debemos romper”, refiere la investigadora, galardonada con el premio L’Oréal-UNESCO de mujeres en la ciencia en 2011.

“¿Por qué cuando se enferma uno de los hijos, la que se queda en casa a cuidarlo es la mamá? No hay incapacidad paterna y finalmente eso va en detrimiento de nuestro trabajo, pues al contratarnos piensan que vamos a faltar más al trabajo que un hombre”, añade la doctora López Charretón, especialista en genética del desarrollo.

Esta tendencia ha mostrado cambios en fechas recientes, pero aún está lejos de lograrse la buscada equidad de género, como lo documentan Angélica Evangelista, Rolando Tinoco y Esperanza Tuñón.

“Si para la matrícula universitaria el incremento en la cantidad de mujeres es muy significativo (en las últimas décadas), en el posgrado éste ha sido exponencial: de 13% de la matrícula total (que había) en 1970 a 49% en el 2007; es decir, 101 veces más mujeres cursan algún posgrado”, escriben en su artículo Género y ciencia en México.

En el trabajo publicado en la revista Ciencia de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) los autores reconocen que pese a esta creciente presencia de alumnas en las universidades, las mujeres no participan en la misma proporción que los varones en los centros públicos de investigación.

Techo de cristal

En los Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología -aclaran Evangelista y sus colaboradores – la distribución del personal según su género fue, hasta 2010, de 36% para mujeres y 64% para varones. Al analizar la presencia de cada género por áreas del saber también observaron grandes disparidades.

Las categorías académicas más altas siguen siendo ocupadas en su mayoría por hombres; esta brecha de género desciende conforme el nivel es más bajo, pero sin llegar a una distribución completamente equitativa en ninguna de ellas. Para 2010, por ejemplo, se registraron 83 mujeres por cada 100 varones para las plazas de investigador titular “A”.

Pero para la categoría de investigador titular “C” (esta es la más alta, mientras que “A” la más baja) la relación fue de 37 mujeres por cada 100 varones ese mismo año. Otro dato reportado en el artículo es que el número de integrantes del padrón de excelencia -Sistema Nacional de Investigadores, SNI- pasó de 7 mil 466 en 2000 a 15 mil 565 en 2009.

Es decir, durante ese periodo se duplicó la cifra de investigadores del SNI; pero el índice de feminización quedó casi igual: 43 mujeres por cada 100 hombres en 2000 frente a 48 de ellas por cada 100 varones en 2009. Los avances son lentos y según Veronika Sieglin, obedecen a problemas persistentes que limitan un mayor ingreso de las mujeres a este sector: el llamado “techo de cristal”.

“La pregunta sobre los factores que limitan una mayor presencia de las mujeres en la ciencia y la tecnología ha motivado diversos estudios a nivel nacional e internacional. La gama de investigaciones publicada indica que se trata de un fenómeno multidimensional”, reconoce la investigadora en su ensayo titulado El techo de cristal y el acoso laboral.

Entre los factores que obstaculizan una mayor incursión de las mujeres en el campo científico destacan los valores culturales, tendencias políticas, ideologías y percepciones sociales, pero también pautas de conducta, expectativas y orientaciones individuales, a decir de Sieglin.

Nuevas políticas públicas

Entre las estrategias para cambiar esta situación se han aplicado hace 3 décadas políticas de género que dan paso a sistemas de apoyo para las mujeres científicas: desde becas y financiamiento de estudios hasta infraestructura social. También se ha impulsado nueva legislación para favorecer su labor.

En México, el 7 de junio pasado se publicaron varias reformas a los artículos 2, 12, 14 y 42 de la Ley Federal de Ciencia y Tecnología. Con estos cambios legales se busca una participación equitativa de hombres y mujeres en todas las áreas del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

“Si no se permite a las mujeres que participen en la actividad científica, se le quita el 50% del talento a la humanidad”, sostuvo la directora adjunta de Desarrollo Científico y Tecnológico del Conacyt, Julia Tagüeña en un comunicado de la AMC. En nuestro país, la población general se compone, según cifras del Inegi, de un 51% de mujeres y 49% de varones.

En la mayor parte de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, al que México pertenece) las mujeres constituyen aproximadamente una tercera parte del total de los recursos humanos empleados en áreas de ciencia y tecnología.

En la República Checa, Alemania, Luxemburgo Holanda y Australia la participación femenina en este campo es relativamente menor: de entre la cuarta y quinta parte de la fuerza laboral. En japón y Corea la tasa es aún menor, con 13 y 15.6% de mujeres en ciencia y tecnología, según cifras de la misma OCDE (actualizadas hasta 2010).

Ante este panorama, la doctora López Charretón advierte que en la ciencia no debe haber “cuotas de género”, sino cambios culturales y estímulos académicos para seleccionar que incluyan seleccionar a los mejores elementos a partir de su rendimiento: “no tiene que haber por fuerza la mitad de hombres y la mitad de mujeres. ¿Qué tal si nosotras ocupamos el 70% de las plazas y los hombres el 30%?, plantea la académica.

MEXICANAS GALARDONADAS CON LA BECA L’ORÉAL-AMC 2013

Issis Claudette Romero Ibarra, del Instituto de Investigaciones en Materiales, Departamento de Metálicos y Cerámicos, de la UNAM.

Alma Yolanda Alanís García, del Departamento de Ciencias Computacionales, Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías de la Universidad de Guadalajara.

Perla Deyanira Maldonado Jiménez, del Laboratorio de Patología Vascular Cerebral, Departamento de Investigación del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez de la Secretaría de Salud.

Vanessa Olivares Illana del Departamento de Biofísica, Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Verónica Pérez de la Cruz, del Departamento de Neuroquímica, Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez.

El monto de las becas, dotadas con 100 mil pesos cada una, está destinado a apoyar la ejecución de trabajos de investigación en el nivel de posdoctorado en ciencias naturales, exactas e ingeniería y tecnología.

Desde 2007, cuando se instituyeron estas becas, patrocinadas por la compañía L’Oréal, la UNESCO y la Academia Mexicana de Ciencias, han sido reconocidas en total 32 investigadoras mexicanas.

kal

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