La Copa de Sangre y el Botín del Azúcar

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Por: [LAZARO CRUZ GARCIA]

La puesta en escena en Palacio Nacional no pudo ser más simbólica… ni más perversa. No solo fueron los 6,000 millones de dólares sobre la mesa; fue el brillo del trofeo de la Copa Mundial de Futbol lo que terminó de sellar el pacto. Pan y circo en su estado más puro. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum sonríe ante Henrique Braun y los capitanes de los imperios embotelladores como Arca Continental y Coca-Cola FEMSA, el país sigue ocupando el podio mundial, pero de la muerte por diabetes.

Es una bofetada a la congruencia. Por un lado, el discurso oficial criminaliza el consumo de chatarra en las escuelas; por el otro, recibe con alfombra roja a los arquitectos de un mercado donde México representa, junto a potencias como China e India, el 33% del volumen mundial de ventas. No somos un socio estratégico, somos el depósito de azúcar más rentable del planeta.

¿De qué sirve el etiquetado frontal si el máximo poder político del país le otorga el sello de “invitado distinguido” a quienes llenan esas etiquetas de advertencias?

La presencia de Arturo Gutiérrez Hernández e Ian Marcel Craig García en el despacho presidencial no es una reunión de trabajo, es una rendición. Es la aceptación de que el modelo económico de México depende de que sigamos bebiendo el veneno que nos está matando. Nos venden la “visita del trofeo” como un logro, cuando en realidad es el caballo de Troya que distrae de una realidad aterradora: la inversión que hoy celebran en Palacio será el costo hospitalario que mañana no podremos pagar.

Si la “Transformación” tiene un sabor, hoy sabemos que es dulce, gaseoso y profundamente hipócrita.

“México no es un socio comercial para Coca-Cola; es una mina de oro biológica donde se extrae riqueza a cambio de enfermedad.”

La contradicción es total. No se puede legislar contra la chatarra en las escuelas mientras se le tiende la alfombra roja a quienes inundan cada rincón del país —desde la Sierra hasta la selva— con botellas negras. Si la Cuarta Transformación tiene un precio, hoy sabemos que se paga en cuotas de insulina y que el recibo lo firman los señores de FEMSA y Arca Continental, bajo la complaciente mirada de una presidenta que ha decidido que, ante el capital, la salud es un “daño colateral” negociable.