Los cuatro “Chuzos” de Chapopotla

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Urbanhistorias de Cuichapa

Por Gustavo Martínez Contreras

La vida está llena de detalles que se graban como tatuajes en la vida de las personas, ellos no lo sabían, pero cuando salieron de su natal Chapopotla (ahora Ixhuatlán del Sureste) para instalarse en el Campo Petrolero Cuichapa, sus vidas iban a cambiar para bien…

Reymundo, Saúl Andrés y Facundo todos de apellidos Cruz Cruz pues eran hermanos, llegaron allá por el año de 1937 al entonces Campo Petrolero Cuichapa buscando una oportunidad en Pemex, los cuatro la tendrían, Reymundo se volvió portero en la portada y, aunque no sabía leer ni escribir, aplicaba el reglamento estrictamente.

Tan celoso era de su deber que, don Reymundo, una noche que el jefe quiso salir con el kalamazo, le pidió el oficio respectivo, el jefe argumentaba pues eso, que era el jefe, pues don Reymundo basado en una circular que le hiciera llegar el mismo jefe en el sentido de que nadie salía de ahí sin el respectivo permiso firmado por él mismo, pues no dejó pasar al jefe hasta que redactó su propio permiso y, aunque don Reymundo no leyera ni jota, le dio el visto bueno al documento.

Don Reymundo se jubiló en Pemex, tuvo hijos, algunos siguieron sus pasos dentro de la institución.

La historia de Saúl fue un tanto diferente, después de hacer una carrera dentro de Pemex como carpintero renunció a las mieles del oro negro y se fue por los astados, Saúl sabía algo de eso que llaman leer y escribir, pues resulta que durante la época de las fiebres aftosas que diezmaron las cabezas de ganado se hizo valuador.

Así que cuando de sacrificar bueyes se trataba, ahí iba don Saúl a valuar: “esta vaquita vale tanto, aquél buey otro tanto”, cuentan que se abrían fosas muy grandes donde metían 50, 60… 100 reses, los soldados les disparaban y a tapar aquel cementerio de bureles y a seguir valuando. Don Saúl se hizo ganadero y tuvo hijos de bien.

Los Cruz, para aplicar el reglamento eran muy férreos, en estas páginas ha quedado registrado el día en que don Andrés dejó al jefe varado en el entronque de Tlacuilolapan por lo mismo, el jefe quería que le dieran un “aventón”, pero eso iba en contra del reglamento así que se quedó con las ganas.

De don Facundo qué se puede decir, él fue operario electricista en Pemex y se jubiló como operario especialista.

Bien, la historia de los Cruz cuenta que en aquellos años había unos “bolillos”, unos gringos pues, que cada que llamaban a alguno de los hermanos Cruz, no podían pronunciar bien el apellido y le salía algo muy parecido a “Chuz”.

-Hey Chuz, tú hacer muy bueno tu trabaja. Se expresaba el güero cuando hablaba con cualquiera de los Cruz.

Y así se la pasaba el gringo, Chuz para esto, Chuz para aquello y la mexicanada, que a todo le encuentra la forma de poner apodos, les puso los “Chuzos” y “Chuzos” se les ha llamado desde entonces y hasta nuestros días a sus descendientes se les conoce con ese sobrenombre; hasta el lugar donde vivían se le conoció como la “Loma de los Chuzos”.

Así se escribió la historia de estos cuatro hermanos muy responsables, muy buenas personas que nos regalaron un capítulo más de la historia de nuestro Cuichapa.

No se pierda la próxima historia, el jueves próximo. Será una historia escalofriante…

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