Por Gustavo Martínez Contreras

Cuando camino por las calles de Cuichapa, veo un gran flujo de motocicletas circulando, unas a gran velocidad, otras van cargadas hasta con el perico, todas manejadas con imprudencia y sin las menores medidas de seguridad. El año pasado fue particularmente abundante de accidentes donde los protagonistas fueron los motociclistas, con varias muertes incluidas.
Tenemos un reglamento de tránsito que nadie parece respetar, tenemos unos agentes de tránsito que sólo se llenan los bolsillos con las mordidas que reciben, tenemos a más motociclistas que terminan embarrados en los caminos y a nadie parece importarle. Se necesita que a alguien “importante” le ocurra un accidente para que todo se mueva, claro, también para que todo siga igual después del ruido.
Las motocicletas representan uno de los mejores y más rendidores medios de transporte, pero también se han convertido en verdaderas armas letales, urge concientizar a la población sobre las medidas de protección y el respeto hacia los peatones, esperemos, oiga usted, que se pongan a trabajar.
Hace quince años en la ciudad de México se implementó el uso obligatorio del cinturón de seguridad, se empezó explicando las bondades de la medida para después infraccionar a los renuentes a usarlo, hoy es una práctica común y corriente de los chilangos; se puede y debe cambiar de hábitos, sobre todo si salvan vidas, de lo contrario seguiremos llevando a nuestros jóvenes a los panteones en lugar de sacarlos de vacaciones.
Una tarea más que tienen pendiente las autoridades. A trabajar pues. Nos vemos en la próxima entrega.
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