Sin cerebro, una medusa del Caribe es capaz de aprender a moverse

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París. Sin cerebro y con una talla de apenas un centímetro, las cubomedusas son capaces de utilizar su visión y sensores para superar obstáculos, aprendiendo a base de la experiencia, una proeza desconocida hasta ahora.

La Tripedalia cystophora, conocida también como medusa del Caribe, tiene un mínusculo cuerpo de forma cúbica (por eso se la conoce como cubomedusa o cubozoo), con filamentos venenosos que pueden ser muy peligrosos para el ser humano.

Ese tipo de medusa tiene una notable habilidad para navegar en aguas turbias y en el laberinto de raíces de manglares, bajo la superficie del agua.

A priori, son muchos obstáculos para un ser que solo cuenta con una frágil membrana gelatinosa para envolver su cuerpo.

Pero la cubomedusa lo logra gracias a un dispositivo común a los ejemplares de su especie: cuatro estructuras sensoriales, dispuestas como otros tantos puntos cardinales alrededor de su cuerpo.

Cada estructura, llamada ropalio, incluye dos ojos en forma de lente y un centro de procesamiento de imágenes.

Cada ropalio de la Tripedalia cystophora apenas cuenta con unas mil neuronas, mientras que la diminuta mosca Drosophila (“mosca de la fruta”) dispone de 200.000 neuronas.

Aprender rápidamente

El estudio de Jan Bielecki, de la Universidad de Kiel, y Anders Garm, de la Universidad de Copenhague, demuestra que el animal responde a lo que se conoce condicionamiento operante, es decir, a un entrenamiento que le permite anticipar una posible consecuencia, en este caso chocar con una raíz.

Los investigadores comprobaron que la cubomedusa aprende a evaluar la distancia que la separa de un obstáculo, mediante la asociación de la visión y los estímulos mecánicos que genera el choque con una raíz.

Los investigadores colocaron al animal en un pequeño recipiente redondo lleno de agua y cuyas paredes contenían bandas más o menos oscuras, que representaban raíces.

El animal aprendió con rapidez a moverse lo más ampliamente posible dentro del recinto, cuando las bandas eran difíciles de ver, y después de algunas colisiones con las paredes.

Si las bandas eran demasiado visibles, las pequeñas medusas no golpeaban las paredes, sino que permanecían cuidadosamente en el centro del recinto.

Una situación difícil cuando se trata de moverse para poder comer.

Si las tiras desaparecían, las cubomedusas chocaban constantemente con las paredes.

En resumen, “si le privamos de uno de los dos estímulos, no puede aprender”, señala Garm.

Si pueden utilizar ambas capacidades sensoriales, las cubomedusas solo necesitan de tres a seis intentos para aprender a navegar sin problemas.

“Es más o menos lo mismo que ocurre con animales considerados más avanzados, como la mosca de la fruta, el cangrejo o incluso el ratón”, afirma Garm.

“Esto respalda la teoría de que un número muy pequeño de células neuronales permite el aprendizaje”, afirmó Jan Bielecki.

La presencia de tal capacidad en un organismo tan simple “indica que podría ser una propiedad fundamental del sistema nervioso”, señala Garm.

Con su entrenamiento, la medusa “aprende a prever un problema futuro y a intentar evitarlo”.

Una capacidad nunca antes demostrada en un animal con un sistema nervioso de aspecto tan primitivo, señala el estudio publicado el viernes en Current Biology.

Las medusas pertenecen a un grupo animal, los cnidarios, que solo cuenta con un sistema nervioso central pero “disperso”.

Los cnidarios son considerados integrantes de un grupo biológico “hermano del que incluye a todos los demás animales”.

Garm plantea la hipótesis de que el ancestro común de estos dos grupos, hace más de 500 millones de años, desarrolló un sistema nervioso que ya poseía tal capacidad de aprendizaje por asociación.