Accidentes fatales de Pemex (I)

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Por Gustavo Martínez Contreras

Desde que la zona de Cuichapa fue ‘descubierta’ como campo petrolero, aparejado al reguero de recursos, diversos accidentes han enlutado al pueblo, aquí va un recuento de algunos de los más representativos…

Era un mediodía normal, es decir caliente, de aquel año del 46 (si la memoria no me falla), Francisco “Pancho” Santos Alor manejaba un tractor grande marca Allis-Chalmers por el camino del campo Acalapa, por la orilla de ese camino iba un conducto de escurrimiento de gas y aceite de cuatro pulgadas.

“Pancho Santos” iba con su ayudante, Humberto González Zertuche, cuando se iban orillando a la desgracia, justamente, el tractor aplastó el tubo de escurrimiento con el consiguiente taponamiento de su fatal contenido.

La presión era tal que no tardó en explotar aquello y con alguna chispa del propio tractor se desató el infierno, no se sabe muy bien cómo, pero Humberto salió casi ileso, no así el buen “Pancho Santos” a quien las llamas lo envolvieron quemando la totalidad de su cuerpo.

Aún vivo, fue llevado al hospital de Pemex en Minatitlán, el trayecto fue tortuoso, fue llevado en kalamazo al Paso de Arenal y en lancha por el río Uxpanapa hasta Minatitlán, desgraciadamente en el camino dejó de existir Francisco Santos Alor, mejor conocido como “Pancho Santos”.

Otro accidente sucedió por el año de 1948 en el Departamento de Carpintería, en la Factoría de Cuichapa.

El maestro carpintero Armando González Zertuche era un magnífico trabajador, incluso dejó para la posteridad el escudo tallado en madera del sindicato petrolero y se encuentra en la sección 16… aquél día fatal había trabajo, se trataba de aserrar un tablón en la máquina de combustión interna que había en la carpintería.

Era un trabajo rutinario para don Armando pero cuando te toca… te toca, sucede que al meter el tablón la máquina lo rebota y le pega en el pecho a don Armando con tal fuerza que lo mata al instante.

Para el año 1953 el campo Acalapa sería sede de otra desgracia, resulta que una cuadrilla se encontraba reparando un pozo, ya sabe usted, entre bromas, descansos, comida… Pablo Pérez Domínguez vivía donde ahora está El Gallo de Cuichapa y ese día se despidió como siempre, sin saber que del cielo venía su destino.

Seguramente por la vibración, del mástil se aflojó una tuerca, con tan mala suerte para Pablo que cuando pasaba por el lugar justo le cayó en la cabeza, venía de una gran altura, pero sobre todo, pesaba casi un kilo.

Aquel artefacto caído del cielo atravesó el casco de Pablo… y fracturó su cráneo.

Fue llevado al hospital de Pemex en Minatitlán… donde finalmente falleció.

Por cuestiones de espacio, dejamos para una segunda entrega más historias de las tragedias fatales en Pemex.

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