El charro de Pemex

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Un Poco De Historia….

Se llamaba Álvaro Sánchez Otero, era un hombre de poco más de un metro de altura con una deformidad remarcada en las piernas. Parecía que se había bajado del caballo sin darse cuenta.

Este personaje popular encarnó al primer logotipo que tuvo Pemex en el lejano año de 1938, su tarea consistía en promocionar el petróleo diáfano que producía Petróleos Mexicanos, que se empleaba para encender las estufas de cocinar, en las lámparas, los quinques, y para los “calentones”; a más de ser efectivo para matar piojos y cucarachas.

Era un producto que Pemex expedía a la par de la gasolina. El litro costa tan sólo 15 centavos, a diferencia de la Mexolina y Super Mexolina, exclusivas para los vehículos, de 45 y 55 centavos respectivamente.

A finales de los años cuarenta, tras la expropiación del petróleo, se convirtió en una imagen institucional de una de las empresas nacionales más importantes del país.

El Charrito de Pemex se convirtió durante años, en una mascota humana, nunca ningún logo fue tan gracioso como el del Charrito Pemex, hoy olvidado por las nuevas generaciones.

A ciencia cierta, parte de la magia en la historia de “El Charrito de Pemex”, corre desde el desconocimiento del dato certero que ubique quién fue primero, si el como persona o un dibujo, del cual se basaron para el logo.

Es probable que el dibujo fuese diseñado primero en base al creador y que este se haya aprovechado con gran astucia de haber visto antes al chaparrito y con su parecido hizo el dibujo.

También existe la posibilidad de que este peculiar sujeto inspirase a algún poco virtuoso dibujante y guiase sus trazos hasta la conformación de una caricatura del mexicano.

El logotipo del Charrito se encontraba en los expendedores de gasolina en las gasolineras de las ciudades del país y en muchos de los productos derivados del petróleo.

Lo cierto es que esta bonanza que tenía México, ahora queda en entredicho cuando se abordan los últimos años de la vida, de este personaje.

Cerca de los noventa, se le veía mendigando unas monedas por las calles en el entonces Distrito Federal, aún enfundado en su traje de charro mexicano y aún más pequeño que en épocas postreras, evidentemente envejecido.

Lo cierto es que este señor que fue la imagen y mascota de Pemex de forma oficial, tuvo ese final inesperado de llegar a verse en la miseria, poco les importó a los viejos líderes charros el chaparrito que era orgullo nacional, porque primero estuvo su ambición y luego su corrupción.

En algún momento cercano a 1990 murió, según dicen, en condiciones deplorables, en un constante olvido, aunque siempre aferrado a su personaje.

De ahí que la existencia del Charrito Pemex sea uno de los ejemplos más grandes en la historia del combustible nacional.

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