Impuestos y petróleo: perspectiva preocupante

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De acuerdo con el informe trimestral sobre la situación económica, las finanzas y la deuda pública que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) envió ayer a la Cámara de Diputados, los ingresos fiscales se incrementaron en 146 mil 872 millones de pesos entre enero y marzo del año en curso, en tanto las cuentas públicas registraron una pérdida de 121 mil 554 millones, debida a la caída en casi 50 por ciento en las cotizaciones internacionales del petróleo con respecto al mismo periodo del año pasado. La dependencia afirmó que el repunte de la recaudación tributaria tiene carácter de extraordinario, dado que en ella incidió la eliminación del régimen de consolidación fiscal, que produjo 86 mil millones de pesos.

Se cumplen, así, aunque en forma inesperada, las advertencias formuladas por diversos actores políticos, académicos y sociales desde principios de 2013, en el sentido de que las reformas fiscal y energética estaban estrechamente vinculadas, pues la primera tenía como propósito compensar –mediante la recaudación de mayores impuestos– la merma de la renta petrolera que habría de ocasionar la segunda, al transferir parte de las utilidades de la industria correspondiente a agentes privados.

Lo que no era previsible hace dos años era la brusca caída de los precios internacionales del crudo, un fenómeno cuyo impacto en las finanzas públicas ha podido ser atenuado en alguna medida en los últimos meses de 2014 y en lo que va del presente año por los llamados seguros petroleros, pero que, de continuar en 2016, conllevará una contracción adicional en el gasto público y, por tanto, en el conjunto de la economía. Si a ello se agregan los efectos de la reducción de la renta petrolera por la transferencia a empresas privadas de actividades que han venido siendo realizadas por la industria pública, cabe preguntarse cómo buscará el gobierno federal compensar el déficit.

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