La nueva normalidad

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José Banco

Hace unas semanas el presidente Peña anunció hiperbólicamente la gran obra de un tramo carretero de 12 kilómetros que conectaba dos poblaciones de Puebla y Tlaxcala. Dijo: Los beneficios de las reformas estructurales no son un tema de retórica, sino que es algo que está sucediendo…; esta obra tiene una extensión de 12 kilómetros…, y reducirá en 12 minutos el tiempo de traslado entre estos estados: destacó que gracias a las reformas estructurales se ha logrado mayor crecimiento económico, generación de empleo de mayor calidad y mejores ingresos para las familias. Es un ejemplo, pero el lector lo habrá leído u oído docenas de veces.

Es falso que los efectos de las reformas estructurales están sucediendo y beneficiando a las mayorías. El pasado domingo Rolando Cordera nos dio algunos datos que muestran que las políticas en curso benefician a las élites. Lo mismo que en todo el mundo.

El pasado 22 de abril, el señor Carstens nos dijo, poniendo todo el peso de quien está apoderado de una certeza inequívoca, que nos hemos venido preparado de alguna manera (sic) para esta tormenta desde el año 2008-2009, que fue realmente cuando se inició esta crisis financiera global….; hemos aumentado en más de 120 mil millones de dólares las reservas desde 2009 y, por otro lado, hemos contratado también la línea de crédito flexible con el FMI, lo cual nos da un arsenal de cerca de 270 mil millones de dólares para enfrentar cualquier (¡sic!) contingencia que se pueda presentar. En el tal arsenal no hay muchos méritos de Carstens. Provienen de un lapso –corto– de muy altos precios del petróleo, de un coincidente crecimiento importante de la industria manufacturera de los vecinos del norte, que ampliaron las exportaciones de la industria/maquiladora mexicana, y de un crédito/expectativa, un anuncio de la señora Lagarde a los dueños de capitales líquidos: si quieren especular con el peso, sepan que estamos dispuestos a prestarle a México el monto señalado. Presumidas con sombrero ajeno, buscando que los alfileres con que está prendida la economía mexicana sigan en su lugar, funcionando en favor de las élites mexicanas y extranjeras.

Pronto tendremos ocasión de ver la fortaleza del arsenal. Durante 2014 el poder estadunidense estuvo sugiriendo a las élites del euro, con un tono no exento de discreta chunga, que vieran cómo estaba funcionando la economía estadunidense, mientras la Europa del euro arrastraba la cobija. Pero, ciertamente, a Alemania no le estaba yendo tan mal, y nada quiso mover para los eu­ropeos: Alemania manda. Estados Unidos venía creciendo a 4.6 por ciento durante el segundo trimestre de 2014, y aun a 4.9 durante el tercero, pero ya en el cuarto el crecimiento se derrumbó a 2.2; ahora enfrenta un macilento 0.2 durante el primer trimestre de 2015, muy lejos del uno por ciento que habían pronosticado los mercados y las agencias especializadas.

El PIB de la zona euro se mantuvo en 0.3 por ciento, 0.1, 0.2 y 0.3 por ciento respectivamente, durante los cuatro trimestres de 2014. Durante enero, la UE empezó a ver (a desear) que su reptilesco crecimiento podría despegar originado en un mayor ritmo de la economía interna alemana. Pero el dato de crecimiento del primer trimestre de la mayor economía del mundo, junto con una tendencia a un menor crecimiento chino, le puso un calambre al planeta, y ahora todos están volviendo a revisar sus cifras de los dos próximos años.

Pareciera que va consolidándose lo que un creciente número de analistas llaman la nueva normalidad del capitalismo (que incluye a China).

Pero, señor, si usted tiene una recesión no puede po­nerse a recortar el déficit fiscal, so pena de que muy pronto, si no es que al año siguiente, tendrá una profundización de la recesión, mayor deuda pública, mayor desempleo. Sí, ya sé que usted usa otras anteojeras y tiene el sartén por el mango (todavía), desde hace 30 años.

Y también sabemos todos que a usted le importa un pepino que la nueva normalidad incluya la continuación de una espantosa concentración del ingreso. Ingreso nacional estancado o reducido, y simultáneamente mayores ingresos para la élites, mayor pobreza y desempleo para las mayorías.

Antes de conocerse el dato del primer trimestre de EU, el FMI había estimado una reducción del PIB mundial de 0.3 en 2015, y una nueva reducción de 0.3 en 2016, respecto de octubre de 2014.

Y había también estimado un crecimiento de 0.1 en 2015 y uno de 0.0 para 2016 para el conjunto de las economías avanzadas, también respecto de octubre de 2014.

Las cifras habrán de ser revisadas a la luz del dato de crecimiento del primer trimestre de EU. Habrá agencias que nos dirán que la economía de EU se recuperará este mismo año, y otros analistas que nos dirán que la revisión será a la baja. Para todo efecto práctico el futuro previsible es el estancamiento, quizá acompañado con deflación –más temible que la inflación–, con el hoyo negro de la absorción del ingreso mundial por las superélites del mundo, por la pérfida miseria de algunos miles de millones de hombres y mujeres de todas partes del mundo. Pero el futuro previsible también será el de una conflictividad creciente.

¿Por cierto, ya vieron lo que está haciendo Islandia?

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