“LA SALVACIÓN DEL ALMA.”

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William Soto Santiago

Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, donde nos dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo…Porque no hay nada más importante para el ser humano que la salvación del alma”.

Para poder comprender lo que es la salvación del alma necesitamos comprender que el ser humano es cuerpo, que es lo que nosotros vemos; espíritu, lo cual es un cuerpo espiritual de otra dimensión; y alma, lo cual es en realidad la persona. La persona es alma viviente. Lo más importante de un individuo es el alma de esa persona, porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente; pero tiene un cuerpo espiritual de otra dimensión y tiene también un cuerpo físico de esta dimensión.

Y ahora, por cuanto la Escritura dice: “El alma que pecare, esa morirá”; necesitamos entonces resolver el problema del pecado para poder vivir eternamente. El pecado se originó en el Cielo, lo originó el diablo, y el diablo lo trajo a la Tierra y lo colocó en medio de la raza humana en el Huerto del Edén, cuando allí engañó a Eva usando el diablo la serpiente; pues la serpiente que era un animal en forma de hombre, porque la raza de la serpiente es una raza que antes de la caída del ser humano y antes de la maldición que Dios echó sobre la serpiente, era lo más cercano al ser humano; es el eslabón perdido que la ciencia está buscando.

El diablo por cuanto no es un creador, pues no podía crear una persona, un cuerpo en esta dimensión, para meterse en ese cuerpo y vivir; por lo tanto, el diablo se metió en la serpiente y a través de la serpiente trajo la caída de la raza humana engañando a Eva; por eso es que la Escritura dice que la serpiente engañó a Eva, sedujo a Eva. Y luego también dice la Escritura que Caín era del maligno.

Ahora, vean ustedes: Caín no era de Dios sino del maligno; así como la cizaña es del maligno y son los hijos del malo. Vean ustedes, el primero en medio de la raza humana hijo del maligno vino a ser Caín.

Y ahora, a causa de la caída del ser humano en el Huerto del Edén, encontramos que el ser humano perdió el derecho a vivir eternamente. Y Dios le había dicho al ser humano, a Adán, antes de darle una compañera, que no comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera moriría.

Y ahora, encontramos la raza humana comenzando allá en el Huerto del Edén, la encontramos caída cuando Eva pecó, y luego Adán compartió con ella también el pecado cuando ella lo invitó a pecar.

Y ahora, el ser humano perdió la bendición de Dios, dice:

“Por cuanto todos pecaron…” Nos dice San Pablo en el capítulo 3 de Romanos, verso 23: “Por cuanto todos pecaron, todos están destituidos de la Gloria de Dios.”

*Ahora, podemos ver que todo el Programa Divino es para la salvación de nuestras almas. Vean que la meta es la salvación de nuestras almas, para que así nuestras almas puedan vivir en un cuerpo teofánico eterno y en un cuerpo físico, eterno y glorificado, y podamos vivir como Reyes y como Sacerdotes en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador; y así estemos todos restaurados a la vida eterna físicamente también.

Nunca pierdan de vista que lo más importante es la salvación de nuestra alma. Nunca se aparten del Señor Jesucristo, no importa los problemas que tengan en sus vidas; pues la única esperanza para nuestras almas es nuestro amado Señor Jesucristo; no hay otra esperanza para nuestras almas y por consiguiente nuestra mirada tiene que estar siempre en Jesucristo. Para escapar de la destrucción, para escapar del lago de fuego no hay otra cosa sino nuestro amado Señor Jesucristo produciendo en nosotros el nuevo nacimiento, y así obtenemos el Sello del Dios vivo.

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