Se vende barato Teotihuacan 

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TOMADO DE METROPOLITAN

¿Quedará algún lector en la ciudad de México? Gil lo duda. Si alguno, ése estará (es-es) tomando sol en las playas de la ciudad y dándose un chapuzón en alguna de las albercas que ha instalado el Gobierno del Distrito Federal. Cuando Gilga ve el color del agua en la que nadan los niños, se convence de que los mexicanos somos inmunes a muchas enfermedades que han diezmado a otras poblaciones. Si se hiciera un examen del agua de estas piscinas, el resultado le sería útil a la NASA para comparar las sustancias biogenésicas de Marte con las del balneario de Villa Olímpica. Si los habitantes de la ciudad de México no fuéramos mutantes, al salir de esas albercas sobrevendrían la ceguera, el eczema, la sordera, el dolor en el vientre, la parálisis, el vómito negro y la locura. No dejen de enterrarse en la arena de Ebrard. Suerte. Mucha suerte.

Por cierto, Gamés está vendiendo (ah, el bendito gerundio) muy barato Teotihuacan. Desde luego incluye el centro ceremonial, las pirámides del Sol, la Luna y la Calle de los Muertos. Una ganga. Gilga ignoraba que esos terrenitos le pertenecían a la familia desde qué tiempos y ahora que se ha revelado la propiedad de esos vestigios arqueológicos hay que rematarlos para darle mantenimiento al amplísimo estudio. Interesados, favor de enviar solicitudes a la dirección electrónica impresa en la parte alta y derecha de esta página. El principal interesado en la compra de Teotihuacan es Televisa, pues se propone grabar en las pirámides programas de reflexión y análisis como Tercer Grado. Allá, en la cúspide de la Pirámide del Sol, se desarrollará esa reunión de analistas. Sí, Leopoldo. No lo creo, Adela. Pongámoslo en perspectiva, Joaquín. Desde luego, Carlos. Ni que lo digas, Denisse. Oh, desde luego, Ciro.

Gil se decidió a vender Teotihuacan cuando leyó la noticia de que el gobierno de Yucatán compró 83 hectáreas de Chichén Itzá en 220 millones de pesos. Gilga considera que la piedra antigua se vendió a buen precio. El dueño es un hombre llamado Hans Jürgen Thies Barbachano. Entre sus terrenitos figuran también las hectáreas donde se asienta Uxmal. ¿Quén pompó, en qué época, con cuántos esclavos incluidos? Caracho, los latifundios, el despojo, la transa. La historia de la propiedad de la tierra en México es la trama de la vida de unos cuantos pillastres. Señor Gobernador, hay unos terrenos abandonados con mucha piedra vieja, ¿me los vende? No me daré por mal servido. La gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, esperó dos años a que el INAH expropiara los terrenos antes de comprar a la familia Barbachano. ¿Y por qué el INAH no compró los terrenos? Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: muy simple, porque el director de esa institución, Alfonso de Maria y Campos, como es su costumbre, estaba papando moscas. Va usted muy bien, Poncho, pero tenga cuidado, mantenga la boca cerrada. Una prueba de que De Maria papa mucha mosca es que nunca apareció para explicar alguna cosa, lo que fuera, de una de las más importantes zonas arqueológicas de México. Alfonso de Maria, burócrata profesional, si los hay, mandó a su vocero, Julio Castrejón, que se las vio negras para explicar por qué el gobierno de Yucatán, y no el INAH, compró Chichén. Apenas pudo decir: “No tenemos el dato. Los sujetos toman decisiones”. Esto es lo que se llama un buen director de comunicación social.

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