Uno de cada 20 niños y adolescentes padecerá depresión antes de los 19 años

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Aunque la frecuencia de la depresión es igual en niños y niñas antes de la pubertad, a partir de ésta las mujeres son quienes tienen más riesgo de padecerla

Redacción. –

Uno de cada 20 niñas, niños y adolescentes padecerá depresión antes de cumplir los 19 años de edad, informó el Sistema Nacional DIF.

La depresión está catalogada como una enfermedad psiquiátrica dentro de los llamados trastornos del humor, de acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV).

En niños y adolescentes se define como una situación afectiva de tristeza vital y profunda, mayor en intensidad y duración que envuelve a los infantes hasta afectar todas sus esferas de relación consigo mismo y con los demás, presentando sentimientos de desesperación y desaliento; siendo el eje principal de la depresión infantil, la tristeza.

Algunos tipos son: depresión mayor; distimia (estado depresivo ligero, pero de larga duración), y la enfermedad maniaco-depresiva (o bipolar).

Aunque la frecuencia de la depresión es igual en niños y niñas antes de la pubertad, a partir de ésta las mujeres son quienes tienen más riesgo de padecerla.

De acuerdo con el DIF Nacional, la causa de la depresión es desconocida, pero tiene un fuerte origen biológico, pues los genes heredados de los padres pueden predisponer a la persona.

También puede presentarse por causas socio ambientales, como la muerte de algún ser querido, el abandono, maltrato y el estrés. El abuso de sustancias puede hacerse presente durante su padecimiento.

El DSM IV clasifica los síntomas de la depresión infantil en cuatro núcleos:

1. MANIFESTACIONES AFECTIVAS:

La tristeza es el síntoma por excelencia de la depresión infantil. Esta tristeza se manifiesta por sentimientos de abatimiento, pesadumbre, infelicidad incluso irritabilidad.

Estado de ánimo ansioso o vacío en forma persistente.

Llanto excesivo, llora con facilidad.

Incapaz de disfrutar las cosas que antes sí disfrutaba, pérdida de interés por actividades usuales.

Mostrar enojo hacia los padres y profesores.

Desesperanza, desmotivación.

Sentimientos de inutilidad o de culpas excesivas o inapropiadas.

Alta sensibilidad al fracaso y al rechazo.

Sentimiento de apatía y de insensibilidad.

Tendencia constante a descalificarse.

Irritabilidad, enojo, preocupación, agitación y ansiedad.

Pesimismo e indiferencia.

Baja autoestima.

Sentimientos de desesperanza.

Autocrítica en exceso.

Pesimismo e indiferencia.

Sentimientos de incompetencia.

Sentimiento de no ser querido.

2. MANIFESTACIONES INTELECTUALES Y COGNITIVAS

Es frecuente que la sensopercepción se encuentre disminuida.

En el aspecto cognitivo se aprecia que su cognición, sus pensamientos, están distorsionados; se altera la capacidad de comprensión y de atención.

Aburrimiento persistente.

Concentración deficiente e indecisión.

Deterioro en los estudios y ausencias frecuentes de la escuela.

Bajo rendimiento académico.

Trastornos de atención.

Descenso de la actividad, la eficiencia y la productividad.

Problemas de aprendizaje.

Presenta menos energía o concentración.

Anhedonia (pérdida del placer).

Episodios de pérdida de la memoria.

Pensamientos distorsionados, parece haberse alterado la capacidad de comprensión.

No se involucra en los juegos, ni en las actividades del aula.

Pensamiento suicida.

Visión negativa del mundo, de otros y de sí mismo.

3. MANIFESTACIONES SOMÁTICAS

Se puede dar una pérdida de sueño o una hipersomnia.

Actuaciones autodestructivas.

Alteración notoria en los patrones de comer.

Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos, y otros dolores (de cabeza, de espalda, náuseas, vómitos, estreñimiento, micción dolorosa, visión borrosa, dolor de estómago).

Temores exagerados y reacciones fisiológicas ante el temor.

Pérdida de apetito, peso o ambos o por el contrario comen más de la cuenta y aumenta de peso.

Cambios importantes en los hábitos.

Perdida de la energía, letargo persistente, fatiga y agitación.

Se cansan sin motivo y su actividad desciende a pasos agigantados.

Somnolencia diurna excesiva.

Presentación recurrente de procesos infecciosos.

Enuresis (hacer pipí en la cama).

Onicofagia (comerse las uñas).

Manipulación genital.

Miedos nocturnos.

4. MANIFESTACIONES CONDUCTUALES

Aislamiento social.

Problemas para relacionarse acrecentados.

Ataques de rabia u hostilidad persistente.

Sucede con cierta frecuencia que se porta mal en la casa y en la escuela sin que nadie se dé cuenta de que están sufriendo de depresión porque eventualmente no parecen estar tristes.

Conductas de inadaptación, que se manifiestan a través de agresividad y/o aislamiento.

Pensamientos o expresiones suicidas o actuaciones autodestructivas.

Se comporta de una manera agresiva, se irrita o sensibiliza frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.

Aislamiento del contacto con la realidad.

Tendencia a recluirse en la propia habitación.

Demuestra poco interés por las cosas, da la impresión que posee escasa capacidad para el placer.

Retraimiento.

Llora con facilidad.

Comunicación pobre.

Se aleja de sus amigos y de la familia.

Actuaciones autodestructivas.

Irritabilidad, enojo, preocupación, agitación y ansiedad.

Perdida de intereses o placer a pasatiempos que antes se disfrutaban.

Descenso de la actividad, la eficiencia y la productividad.

Malas costumbres.

Descuido en su aseo y presentación personal.

Disforia e ideación suicida.

Comportamiento inadecuado (incumplimiento de toques de queda, actitud desafiante poco común).

Patrón de comportamiento exageradamente irresponsable.

El DIF pide que la atención a niños y adolescentes por depresión se realice por un equipo de profesionales con experiencia en dicha enfermedad, pues las estadísticas señalan que menos de la mitad reciben un tratamiento adecuado.

Con información de López-Dóriga Digital