La bolsa del dinero perdida en la selva.

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Urbanhistorias de Cuichapa

Gustavo Martínez Contreras

Ahora es muy fácil hacer transacciones bancarias, tenemos cajeros automáticos (aunque luego se los roban, pero esa es otra historia), carreteras (con hartos hoyos, pero tenemos) y la gente anda para todos lados ya sea en su auto o en moto, ya de perdida en bicicleta, pero los cosas no eran así antiguamente. Por ejemplo a mediados del siglo pasado.

Por aquellos años las cosas funcionaban de otra manera, el río Uxpanapa era la puerta de entrada para Cuichapa, el Paso del Arenal era el “puerto” de llegada y de ahí el Kalamazo hacía su recorrido lentamente por entre la selva para traer pertrechos, víveres y demás cosas esenciales para la vida cuichapense, claro, también por ahí llegaba la nómina para los trabajadores petroleros.

La vida rural de Cuichapa había sido invadida por la industria petrolera, la floreciente industria había traído a muchos forasteros y “la civilización” se hacía presente, tan es así que cuando vieron obsoleto transportar por el Kalamazo la nómina petrolera, lo empezaron a hacer por avioneta.

El sistema parecía simple, llegaba el dinero en una bolsa de lona en lancha custodiada por soldados por el Uxpanapa al Paso del Arenal, de ahí salía en avioneta hasta Cuichapa, la avioneta sobrevolaba la zona (siendo un atractivo para los niños de la Escuela Primaria Artículo 123 América), hacía sus cálculos y arrojaba la bolsa para que cayera en el campo de béisbol, en el campo, previamente “cercado” por soldados y trabajadores petroleros que recogían la “marmaja”, entre ellos el pagador de la empresa (don Edesio), haciendo de este método el más rápido para que los trabajadores gozaran de sus emolumentos.

Toda historia de éxito tiene su falla y aquí es donde hace su aparición la historia de Gonzalo Hernández (a) “El Tudiche”, sucede que allá por el año de 1950 o 1951, no se sabe bien a bien qué pasó con el encargado de arrojar la costalada de dinero de la avioneta, pero el caso es que falló, en lugar de caer en el campo de béisbol, cayó entre el monte, y ahí tienen que se arma la de dios padre.

Cuadrillas de trabajadores y pelotones de soldados andaban a punta de machete abriendo monte para buscar la bolsa repleta de dinero, cabe recordar que todo Cuichapa era una gran selva por todos lados, solo tenía unas cuantas casas de madera o chozas de palma, bueno, pues la búsqueda seguía, cuentan que pasaron las horas y nada que daban con la bolsa, las horas dieron paso a los días y nada de nada, hasta que la dieron por perdida.

Le decían “El Tudiche” porque en lugar de decir ‘tú dices’ decía ‘tu diche’ y así se le quedó a Gonzalo Hernández, bueno, pues cuentan que estaba “El Tudiche” pescando en el Nexgamata (por aquel entonces hasta se bañaban en sus cristalinas aguas y a la altura por donde se estaba hundiendo la máquina ‘brazo de chango’ había una poza de agua clarita), y ya llevaba algunos camarones y tres o cuatro mojarritas.

Pensando que ya tenía suficiente caminó para salirse de la poza cuando sintió bajo sus pies una superficie suave, ‘sospechosa’ y empezó a tantear y, por fin, sacó aquel ‘bulto’ de las aguas del Nexgamata… vaya sorpresa la que se llevó don Gonzalo, ¡era la bolsa del dinero perdida!, de inmediato se dirigió a su casa, no sin olvidar sus camarones y mojarras, se cambió de ropa y agarró vereda para la casa del pagador de Pemex, don Edesio… con su bulto millonario.

-¿Qué se te ofrece “Tudiche”?. Preguntó don Edesio.

Sin decir palabra, “El Tudiche” mostró la bolsa que había sido dada por perdida ante el asombro del pagador.

-Pero, ¿cómo es posible?. Alcanzó a decir don Edesio.

-Pues estaba pescando y la saqué de la poza y, pues, se la traje sabiendo que la estuvieron buscando. Dijo “El Tudiche”.

Después de agradecer la honestidad de Gonzalo y de recibir la mercancía, don Edesio le preguntó ¿qué era lo que quería?, el “Tudiche”, humildemente solo pidió que le asignaran ‘un turno’ en la empresa.

-Sí, cómo no, preséntate el lunes a trabajar. Ofreció el pagador.

Desde ese día la leyenda de Gonzalo Hernández se hizo grande, despertó comentarios a favor y otros en contra, lo cierto es que su ejemplo fue pagado con 28 días de trabajo en Pemex y no más.

Usted, ¿qué hubiera hecho?

Hoy es parte de la Historia de las muchas que construyeron a Villa Cuichapa y sirva su ejemplo de honradez para que sea retomado en estos días de corrupción y avaricia desmedidas.

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