“No es una sesión extraordinaria, ¿eh?”, bromeó el Presidente

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b00187d4f2e64d4c4a0792f7c7b68e4a_int470Ciudad de México • Háganos el honor, le dijo el panista Ernesto Cordero al presidente Enrique Peña Nieto mientras con una mano hacía a un lado el escaño desde el que preside las sesiones del Senado y con la otra lo invitaba a colocarse frente a la escribanía con la forma del águila colocada sobre la imagen de la República de plata que corona a la Mesa Directiva del Senado.

Peña Nieto, cuidadoso de las formas, no ocupó el lugar destinado para los senadores y se mantuvo de pie observando desde ahí el salón de plenos de la nueva sede del Senado, mientras bromeaba con los legisladores y hasta con los reporteros que lo observaban, a quienes aclaró sonriente: “no es sesión extraordinaria ¿eh?”

El perredista Miguel Barbosa reaccionó rápidamente y soltó: “hay quórum”, entre bromas, palmadas en la espalda y la pose para la postal histórica: un Presidente de la República recorría la sede del Senado, visitaba sus oficinas y hasta compartía comida mexicana con los legisladores.

Fue la visita de desagravio que pretendió poner fin a la molestia generada entre los legisladores por haber sido marginados de la negociación del Pacto por México. En lo que fue definido por Cordero como un buen día para México, Peña Nieto hizo lo que ningún Presidente y acudió al Senado fuera de protocolo y sin una sesión solemne de por medio.

El gesto fue correspondido por el coordinador de la bancada del PAN y aunque se había planeado una fotografía oficial del inédito hecho en la parte baja de la Mesa Directiva del Senado, fue el propio Cordero quien, al pie de la escalera, invitó al mandatario a subir y ubicarse en el espacio desde donde Peña Nieto ha recibido trabas de los legisladores, como la obligada ratificación de los mandos de seguridad y el impasse momentáneo a su propuesta de reforma educativa.

El Presidente llegó puntual a la cita. A las cuatro de la tarde ingresó al estacionamiento subterráneo del Senado acompañado por los dos principales negociadores del Pacto por México, los secretarios de Gobernación y Hacienda: Miguel Osorio Chong y Luis Videgaray, respectivamente.

En el sótano de la nueva sede los esperaban los coordinadores del PRI, PAN y PRD. Ahí Emilio Gamboa invitaba a Cordero a encargarse de la bienvenida oficial en su calidad de presidente de la Mesa Directiva.

Desde ahí, Peña Nieto se dirigió en primer lugar a la oficina de la Fundación Belisario Domínguez que dirige el perredista Miguel Barbosa. Después a la Junta de Coordinación Política encabezada por el priista Gamboa y al salón de plenos donde permaneció durante tres minutos, observando los palcos, los escaños y el tablero electrónico de votaciones de los senadores.

Fue en la oficina de la Mesa Directiva que preside el panista Cordero donde se concretó la comida del Presidente con los coordinadores parlamentarios del Senado y el consejo rector del Pacto por México.

Ahí estaban también Gustavo Madero, Jesús Zambrano y César Camacho y todos los integrantes del grupo negociador del Pacto.

Treinta convidados al banquete donde el mensaje, de acuerdo con Cordero, Barbosa y Gamboa, fue que no hay subordinación del Poder Legislativo ante el Ejecutivo y que el Pacto por México no será un cinturón de fuerza para la agenda legislativa del Congreso.

El menú incluyó una ensalada de lechugas con palmito, crema de frijol con queso, crema y tiras de tortillas doradas. Los convidados podían elegir carne o pescado. El Presidente optó por la carne blanca. Después llegó el postre. Crepas de cajeta y ate con queso. Entre platillo y platillo, llegó el acuerdo: los senadores tendrán mano para conocer la construcción de las iniciativas del Pacto y se reservarán su derecho a revisarlas, sin renunciar a su facultad de adecuarlas.

Eso sí, Gamboa dejó en claro que el hecho de que una de las 95 reformas planteadas en el acuerdo firmado en diciembre no pase en el Congreso, no significa que fracase el Pacto. A decir de Cordero, el Presidente fue “muy bienvenido”, mostró voluntad política y entendimiento de la democracia.

La sonrisa que Peña Nieto mostró ante las cámaras en su recorrido por el Senado se mantuvo también durante la comida de más de una hora, donde además de la negociación, también hubo espacio para las bromas.

Y es que los coordinadores parlamentarios del Senado también lanzaron ante el presidente Peña Nieto una broma a su antecesor en la Cámara, Manlio Fabio Beltrones, a quien le pidieron entregar las llaves de la nueva sede, porque “hay varios cajones que no quieren abrir”.

El diputado aceptó de buen talante el comentario y al final de la reunión se despidió con un apretón de manos de Peña Nieto, pero cuidó de no quitar protagonismo a los coordinadores del Senado, retirándose por una puerta distinta a la principal de la sede.

El coordinador de los diputados del PRI ya tendrá espacio para recibir en San Lázaro al Presidente en la reunión ya acordada y prevista para los próximos días con los mismos fines: dejar el mensaje de respeto del Ejecutivo a los legisladores y su papel en el Pacto.

Antes de retirarse, el presidente brindó abrazos a perredistas como Jesús Ortega y Zambrano y salió del Senado después de dos horas de visita dándose tiempo, fiel a su costumbre, para saludar a quienes lo buscaban para estrechar su mano y con la deferencia al Poder Legislativo el cual, finalmente, tiene en sus manos el avance de los 95 acuerdos del Pacto por México que firmó con los dirigentes del PRI, PAN y PRD.

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