El semental

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Urbanhistorias de Cuichapa

Gustavo Martínez Contreras

Eran años de una gran efervescencia política a nivel nacional, el Partido de la Revolución Democrática, con Cuauhtémoc Cárdenas de candidato, iba a ganar la jefatura de Gobierno en el entonces Distrito Federal, las primeras elecciones para elegir gobierno local que se realizaban en la capital del país desde 1924.

Pero bueno, esa es historia que a nadie le interesa, vamos a lo nuestro, aquí en Moloacán estaban de candidatos a la presidencia municipal por el PRI, Manuel Flores Alemán; por el PRD, Cosme Monroy Santos; por el PT, José Luis Luria y por el PVEM, don Jesús Bucio Suárez, y pues usted ya sabe: recorridos, mítines, juntas, traiciones, dimes y diretes propios de toda elección.

Pues ahí estaban, cada quien en lo suyo llevando agua a su molino, fue una elección muy reñida donde finalmente el PRD se alzó con el triunfo con una diferencia sobre el PRI de tan solo 184 votos, pero la cosa chusca de la elección no fue que perdiera el PRI, no señores.

La nota la dio el candidato del PVEM, don Jesús Bucio Suárez, sucede que antes del cierre de campaña, su coordinador le dice que sería buena idea hacer una comida para agradecer a la militancia el apoyo y las arañas, a lo cual, don Jesús da su aprobación y manda al coordinador a su rancho.

-Ve y dile al mayoral que te dé un animal para la barbacoa, le dijo don Jesús a su coordinador.

Este señor, muy orondo se va al rancho y le dice al mayoral que iba por una vaquita, que el patrón lo mando.

-Pues ahí están, ¿cuál quiere llevarse?, dijo el mayoral.

-Pues aquel animal que se ve ahí, dijo el coordinador.

-Ese no se lo puedo dar, contestó el mayoral.

-Pues a mí me dijo el patrón que escogiera el que yo quisiera, así que ese me llevo, dijo el coordinador de campaña de don Jesús.

Y diciendo y haciendo que para eso era el segundo de a bordo de la campaña y pues se lo llevó, lo aliñaron, lo condimentaron, lo pusieron en la lumbre y después de unas horas despedía unos olores que se hacía agua la boca de tan solo aspirar el aroma de la cocina.

La reunión se celebraba en Tlacuilolapan, llegaban los seguidores del candidato, se escuchaban los vítores, se chocaban las palmas, se daban abrazos, se repartían saludos… y por supuesto se degustaba una rica barbacoa fruto del buen ojo que tuvo el coordinador de campaña al elegir tan rico animal.

En esas estaban cuando en el grupo del candidato salió una voz, era la de don Jesús que le decía a su mayoral que le buscara a su “Cuquito” porque quería presumírselo a sus amigos, previamente ya les había contado a sus amistades que ese animal era su orgullo, que lo quería como a la niña de sus ojos y que sería un gran honor para él que lo vieran tan gallardo, tan fuerte…

En esas estaba cuando el mayoral le indica que no puede cumplir con la orden, un tanto enojado y otro poco asombrado por la respuesta de su trabajador le pregunta el por qué.

-Pues no se lo puedo mostrar porque ese animal es el que se están comiendo, contestó el mayoral.

Don Jesús se puso de mil colores exigiendo que le explicaran cómo había sucedido tal cosa.

-Pues el coordinador dijo que usted le dio la instrucción de escoger cualquier animal y ese le gustó, dijo el mayoral muy apenado por la suerte de “Cuquito” y más por la pena de don Jesús.

Total, que al final don Jesús perdió algo más que una elección, se quedó sin su “Cuquito”, el semental que le había dado gloria a su ganado… ni siquiera los 746 votos que obtuvo pudieron consolar a don Jesús de tan irreparable pérdida, los demás, pues los demás disfrutaron de una rica barbacoa importándoles muy poco que se tratara de “Cuquito”, el semental de don Jesús.

La historia fue contada por José Luis Velásquez Hernández, premio estatal de periodismo.

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